Una persiana rota no permitía que el sol del mediodía entrara en su habitación. Está demasiado alerta para dormir y demasiado agotada para salir de la cama, entonces decide dejar que su cabeza sea invadida por crueles pensamientos. La falsa pero amenazante oscuridad y el nauseabundo olor a encierro que emana de un cuarto que no fue abandonado en días hacen que las ideas que la invanden con la violencia de un malón hagan parecer a los fatalistas enunciados de Sarte y Nietsche un cuento para niños.
Piensa en las oportunidades que dejó y da un paso.
Piensa en el talento tirado a la basura y da un paso más.
Piensa en las personas que alejó de su lado y da otro paso.
Piensa en lo fuerte que se muestra mientras está destruída por dentro. Sigue avanzando.
Piensa en que ya es tarde para pedir ayuda. Y da un paso más.
Piensa en una vida que se le escurrió como arena entre los dedos. Se sigue adelantando.
Piensa en todo lo que no hizo y que ya es demasiado tarde. Suma otro paso.
Piensa en el daño que causó a todo el que quiso quererla. Ya está llegando.
Piensa que no hay vuelta atrás.
El abismo.
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