Quémese despues de leerse
jueves, 28 de julio de 2011
Esperando el milagro
Pero a veces no podemos esperar tanto para disfrutar de las 11 vírgenes y la tierra que mana leche y miel, entonces demandamos que la salvación llegue lo antes posible. Ese es el momento en que decidimos redirigir nuestra fe a otros dioses que cuentan con una ventaja sobre las entidades metafísicas: son mortales y los vemos todos los días en la tele.
Entonces ponemos en estos heroes con pies de barro toda nuestra expectativa y les delegamos toda nuestra responsabilidad. No vaya a ser cosa que tengamos que hacer algo.
La crisis argentina de 2001 fue un ejemplo de nuestra dependencia de la salvación. En el 1999 cansados de la corrupción menemista encontramos la luz en una alianza pseudoprogresista que iba a terminar con la fiesta de unos pocos, entonces salimos todos corriendo a destrozar la urnas a votos a esa figura salvadora. No hace falta decir como terminó esa aventura, pero si destacar lo que pasó después. De la Rua cayó y nos quedamos huérfanos de mesías, mirábamos al futuro y no había un figura carismática que nos prometiera terminar con toda esta mierda. Estábamos en una encrucijada que a la vez presentaba una oportunidad inédita: la posibilidad de volver a empezar, de involucrarnos, de hacer algo. Pero cuando nos empezamos a arremangar las mangas de la camisa para construír la "nueva política" que el pueblo pidió en la calle, apareció un viejo Barón del Conurbano y sólo necistó pronunciar una frase para ponerse el traje de superhéroe: "El que depositó dolares, recibirá dólares".
Después la historia siguió igual que siempre, cambiamos las banderas de "Que se vayan todos" por el candombe "Nunca Menos" y nos dedicamos a mirar como el Nuevo Peronismo hacía lo mismo que el Viejo Peronismo pero bajo la promesa de llevarnos con ellos al Olimpo de los Dioses y 10 años después empiezan a aparecer los desangelados que perdieron la fe y están pidiendo un nuevo salvador mientras comen papitas delante de la tele.
Nada es tan cierto como que la historia es cíclica y que tiene héroes para todos los gustos. Primero vienieron los revolucionarios a salvarnos de los crueles españoles, después vino el peronismo a salvarnos de los oligarcas, para dar lugar a los militares que nos salvaron de los "comunistas", y asi y asi y asi ad eternum...
Mientras yo sigo esperando el milagro...
miércoles, 27 de julio de 2011
De ideologías y otras yerbas
El furioso capitalismo se ha llevado puesto muchas cosas en su frenesí por máximizar el beneficio al menor costo posible. Es el padre de las estructuras funcionales pero sin vuelo estético, de hombre como lobo del hombre llevado al extremo y el responsable de la muerte de las ideologías puras como tales. La caída del muro de Berlín generó que las ideologías de izquierda tuvieran que pasarse al bando ganador pero intentando conservar su escencia mientras que la brutales crisis del sistema hicieron que los más furiosos librecambistas aceptaran una intervención del estado, asi sea como un mero garante o regulador externo de la economía.
Decir que las ideologías puras ya no existen es pararse en un lugar tán común como decir que todas las ideologías extremas, sean de derecha o izquierda en un punto se terminan tocando.
Partiendo de estas verdades de perogrullo repetidas hasta el cansancio quiero hacer un análisis 100% personal y sin ningún tipo de rigurosidad histórica de la utilización actual de términos como "Facho" o "Nazi", dos términos que han desandado el camino de la historia de la mano, a pesar de tener sutiles diferencias, por el sólo hecho de haber definido a los miembros de los partidos aliados en una de las tragedias más grandes de la historia.
Cuando apuntamos nuestro dedo acusando a alguien de Nazi o Facho lo estamos definiendo como alguien racista y discriminador que pone a su raza o condición social por sobre los demás. Pero especialmente lo estamos acusando de tener una ideología de derecha.
Aquí es donde la contradicción nos golpea. Las bases del Nacionalsocialismo y el Fascismo se pueden explicar fácilmente en un socialismo moderno: vivir con lo propio, inclusión social, proteccionismo, sindicalización del trabajador y desarrollo humano.
El enemigo era la Rusia revolucionaria, pero la pelea no era ideológica sino territorial al disputarse ambos un continente acotado como Europa en la cual claramente no había espacio para dos Imperios. La guerra no fue una ideológica, era una lucha de una centroizquierda contra una extrema izquierda con más puntos en común que diferencias.
Ahora llegamos al tercero en discordia que casualmente era otro imperio en expansión que encontró la excusa ideal en Pearl Harbour para meterse en una lucha en la que esperaba ansiosamente participar. El problema fue que se vieron obligados a participar en el lado que menos los representaba.
La Alemania de principios de siglo tenía mucho en común con el EEUU contemporáneo: la industria de la guerra como salida de sus crisis, un estado de bienestar y la creencia de que una raza es superior a la otra, ya que mientras Alemania encerraba a sus judíos en ghettos y los mandaba a campos de extermino, los EEUU no permitían a los negros acceder a estudios superiores o adquirir armas, la prioridad en el transporte público la tenían los blancos y en el sur conservador señores de blancas capuchas ajusticiaban afroamericanos sin juicio previo con la venia del partido conservador, la iglesia anglicana y la NRA. Pero no sólo el sur era racista y conservador, en el norte los inmigrantes irlandeses e italianos se amontonaban en ghettos y no podían conseguir un empleo por el sólo hecho de ser católicos.
Tras exponer esta breve teoría que, como ya fue aclarado, no tiene nigún tipo de rigurosidad histórica y es ampliamente discutible volvemos al tema que nos ocupa: La etimologización de las palabras Facho y Nazi y su uso en la actualidad. Teniendo en cuenta la amplitud del término se puede acusar a cualquiera: Al socialista desde el punto de vista ideológico, al racista desde el punto de vista cultural y al liberal desde el punto de vista económico.
El ejemplo ideal en la Argentina esa esa corriente tan amplia como polémica como es el Peronismo en el cual se ven las bases ideológicas de corte socialista, un estado policial en el cual los grupos de choque sindicalistas eran funcionales a un estado de corte policial que nada tenía que envidiarle a las Camisas Negras del Duce. Este mismo movimiento político también tomaba cosas de la teoría económica norteamericana, industrialización y proteccionismo puertas adentro y libre cambio puertas afuera.
Después de la guerra, EEUU encontró que necesitaba un nuevo enemigo y decidió que el Comunismo era el enemigo. Ahí comienza una nueva historia, pero a los fines de la etimologización de la palabra facho ya no nos sirve.
Un día de Domingo
Carlos es un tipo común y corriente, de esos que uno se cruza en cualquier esquina. Está casado con María, su novia desde que terminaron la secundaria en el 94. Tiene dos hijos que son lo más importante para él y trabaja en una oficina para una importante distribuidora de repuestos automotores. Vive en Barracas y es hincha de Boca. Es un hombre como cualquiera.
Pero a medida que se acerca el fin de semana, Carlos empieza a sentir que le pica el bichito del fútbol. Porque el partido de Boca no arranca con el pitazo del árbitro. No, el partido ya comienza el jueves cuando comienzan las apuestas fantasiosas con sus compañeros de oficina, ante el componente femenino que escucha atónito promesas del tipo: “Si este fin de semana le ganamos a Boca, el lunes vengo a trabajar desnudo” o “Si Palermo hace un gol, mi hijo se va a llamar Record Palermo Boca González”. Promesas que habitualmente no cumple pero no dejan de ser hilarantes y pueden servir de consuelo en caso de que el resultado no sea el esperado: “Lo bueno es que aunque sea, estos muertos evitaron que tuviera que pagar un asado para toda la planta” dirá.
Finalmente el fin de semana llega, pero la ilusión de Carlos no es poder pasar tiempo en familia. Juega Boca, con todo lo que eso significa. Las primeras horas del domingo lo reciben con un café y la sección deportiva que leerá detenidamente mientras despotrica entre dientes por los buenos resultados del rival y las malas decisiones tácticas del entrenador de su equipo. María ya conoce la ceremonia de cada semana y no protesta.
El mediodía se acerca y Carlos decide que es hora de que sus hijos se levanten. Hay que almorzar y salir para la cancha por lo cual utiliza su mejor técnica para despertarlos, entrar a su habitación cantando canciones de cancha. El cuarto de Martín y Román, sus hijos, está decorado con pósters, banderines y recuerdos de los momentos de gloria. Los chicos también son hinchas de Boca, tuvieron su carnet de socios antes que su DNI y elegir otro equipo que no fuera el Xeneixe hubiese significado ser parias en su propio hogar.
María les prepara un almuerzo liviano y después de los saludos y los deseos de suerte salen con tiempo a la cancha para conseguir buenas ubicaciones. Martín y Román llevan una bandera que reza “Ladrón de mi cerebro” que homenajea tanto a su club como a su banda de rock favorita, Los Redonditos de Ricota. Es su ilusión que el estandarte salga en la televisión para poder presumir con sus amigos el lunes en la escuela. Carlos lleva puesta la joya de la familia, una camiseta que, dice, usó Brindisi en el campeonato del ’81.
El viaje no será fácil, pero esta pasión todo lo justifica. Tendrán que viajar una hora y media en colectivo soportando el crudo calor de febrero. Luego deberán caminar unas cuadras que imponen un nuevo desafío, el de esquivar los piedrazos de los hinchas visitantes para luego enterarse que deberán caminar otras 9 cuadras porque el operativo policial cree conveniente que el ingreso sea por otra puerta. Saben que si se quejan la respuesta más probable sean unos bastonazos de la policía que no se mostrará muy comprensiva. Después de caminar esas 9 cuadras que desembocan en el único acceso habilitado a esa hora, pasarán 3 cacheos policiales, en donde les revisarán partes del cuerpo hasta ahora desconocidas.
Pero todo vale la pena, están listos para ver a su Boca. Una vez ubicados en el mismo sector que ocupan domingo a domingo empezarán a saludar a sus amigos de cancha, esos a quienes no conocen fuera de este ámbito, esos que tienen nombres, edades y costumbres inciertas, pero que si faltan les generan una preocupación que dura lo que tardan los equipos en salir a la cancha.
Mientras miran el partido de reserva escucharán entretenidos las historias que cuentan los vitalicios, esos jubilados que ocupan el mismo lugar hace 30 años y saben absolutamente todos los chismes y rumores que rodean al club. Hacen pronósticos, comparaciones con glorias del pasado y apreciaciones tácticas, todo sin despegar la vieja Spika de su oído en ningún momento.
Una vez finalizado el cotejo de reserva llega el momento que Carlos está esperando desde el jueves: La salida de los equipos. Boca toma el campo primero bajo una lluvia de papelitos y Carlos siente que si esto no es la elevación al Nirvana, debe ser algo muy similar. Ante la salida de los rivales se le transforma la cara que se enrojece mientras los chifla a todo pulmón.A Carlos no le gusta la discriminación y es un ferviente militante en contra de la violencia pero cuando la hinchada grita: “¡A estos putos los tenemos que matar!” él canta con ellos. Sus hijos miran al espectro que tomó posesión de su padre insultar y amenazar al árbitro con palabras que jamás pensaron que Carlos, el dulce y amoroso papá que los cuida a diario, pudiera pronunciar.
Gol de Boca! Finalmente parece que los planetas se alinean y todo sale como Carlos había planeado. Ahora no importan las cuentas impagas que se acumulan ni el fracaso escolar de Román, es todo felicidad y un indicador de que todo va a cambiar a partir de ahora.
El partido se va con la victoria de Boca, y comienza una retirada desprolija y llena de empujones. Tras esperar durante 30 minutos el colectivo que no se dignará a pasar deciden emprender la vuelta a casa a pie. Caminan las cuadras que separan su hogar de la Bombonera y en el camino, Carlos saludará a sus vecinos hinchas del rival y se regodeará ante ellos de un triunfo que siente propio, aunque nunca haya jugado al fútbol, más allá de los picados entre amigos.
A la noche verá la repetición del partido para ver los detalles que se perdió en el estadio ante una tibia protesta de María que se dará vuelta en la cama resignada. Carlos la abrazará y se quedará dormido con el relato de fondo.
El lunes llegará a la oficina con el pecho hinchado de gloria, acomodará el banderín de Boca que decora su puesto de trabajo y se reirá de los hinchas del rival que se esconden de él para no ser víctimas de sus bromas.
Es el epílogo de un fin de semana como cualquier otro en Buenos Aires, el de Carlos hincha de Boca, el de Pedro hincha de River o el de Marcelo hincha de Vélez. Porque los colores nos separan, pero la pasión es la misma y el fútbol es mucho más que un partido.
Un paso más
Piensa en las oportunidades que dejó y da un paso.
Piensa en el talento tirado a la basura y da un paso más.
Piensa en las personas que alejó de su lado y da otro paso.
Piensa en lo fuerte que se muestra mientras está destruída por dentro. Sigue avanzando.
Piensa en que ya es tarde para pedir ayuda. Y da un paso más.
Piensa en una vida que se le escurrió como arena entre los dedos. Se sigue adelantando.
Piensa en todo lo que no hizo y que ya es demasiado tarde. Suma otro paso.
Piensa en el daño que causó a todo el que quiso quererla. Ya está llegando.
Piensa que no hay vuelta atrás.
El abismo.
Todo comienza con una idea
Quizás hoy la mejor forma de ser único e irrepetible es ser igual a los demás. La originalidad de esta idea descansa en buscar lo que nadie busca, ser una oveja más en un gigantezco rebaño de millones y millones de personas.
A que vamos con esta insana introducción? A tratar de justificar la idea de hacer un blog, una idea trillada, vieja y pasada de moda como pocas. A no sentirnos frustrados por aceptarnos parte de una cultura 2.0 a la cual renegamos y nos terminó arrastrando.
Presentadas las excusas pertinentes, llega el momento de contar porque el lector debería consumir apasionadamente este blog, y la respuesta es una sola: no debería hacerlo.
Esto no será más que una serie de ideas sueltas, pensamientos y reflexiones con un deficit de redacción que intentará ser compensado con pasión. Una especie de cadáver exquisito en el que participan las múltiples personalidades y estados de ánimo del autor. No busque coherencia, señor Lector, porque sólo encontrará contradicciones. No busque una bajada de línea editorial porque sólo le podremos ofrecer un cuento corto mezclado con una crónica de fútbol y una receta de cocina.
Este blog es tanto y tan poco como la novela llena de clichés y lugares comunes que nunca será publicada, la hoja de papel hecha un bollo condenada a enfrentarse a ese batallón de fusilamiento que la espera en el tacho de basura, la opinión sin fundamentos que elegimos creer o tan solo una forma de terapia.
Quien sabe? Veremos si esto continúa o muere en una primera y última publicación